Testimonios 4

Paul Reid de Australia (recuperado de linfoma)
Había estado padeciendo de fatiga crónica durante varios años, también padecía resfriados e infecciones del pecho que permanecían por meses, requiriendo a veces de hasta cinco dosis de antibióticos para recuperarme.

En diciembre de 1996, me hice un exámen de CT, que mostró la probabilidad de sufrir linfoma, cáncer en el sistema linfático. Aunque sufría de una persistente tos y no estaba en condidiones, el doctor insistía en que me sometiera a una cirugía de diagnóstico lo más pronto posible, para averiguar que tipo de linfoma era y cuál era el tratamiento más apropiado.

El especialista nos dio mucha confianza a mi esposa y a mi, nos aseguró que el 90% de los casos de linfoma son completamente curables con quimioterapia; debido a que en la mayoría de los casos el linfoma es agresivo y se mueve rápidamente, la cirugía de dianóstico parecía ser urgente. El procedimiento implicaría remover algunos ganglios linfáticos del interior del abdomen, nos dijeron que era una cirugía de mediana dificultad.

Poco después Navidad, dimos con el nombre de un retiro de salud en Queensland dado por naturópatas; ofrecía sesiones a corto plazo, con experiencias como el ayuno, limpieza del colon y terapia de limpieza. Al mismo tiempo, buscábamos toda la información que podíamos conseguir acerca de terapia natural.

A pesar de la fuerte oposición del oncólogo, decidí cancelar mi cirugía de diagnóstico, que estaba planeada para enero, y a cambio me sometí a 9 días de terapia natural. Al volver a casa no había rastro de tos y me sentía rejuvenecido. Continué con una dieta estricta y suplementos alimenticios tal como nos recomendaron en el retiro y mi salud continuó mejorando. Cada vez teníamos más confianza en la terapia natural. También el naturópata local nos suministró tónicos herbales y muy valiosa información.

Adicionalmente, fui por oración a una iglesia cristiana dónde recibí una visita fuerte del Espíritu santo, experimentando olas de calor y “electricidad” fluyendo a través de mi cuerpo por media hora. Tres personas de la iglesia, incluído el pastor, tenían un fuerte sentimiento de que yo me sanaría. Esto luego paso a ser una gran fuente de estímulo cuando pasaba por tiempos de desesperación y depresión. Cada crisis de depresión significaba una batalla que tenía que luchar con determinación, aferrándome a la promesa de vida por la fe en Dios, en lugar de enfocarme en la perspectiva que existe al tener una enfermedad terminal.

Más tarde, en febrero, recibía la sorpresiva llamada del especialista, insistiendo en que era indispasable que me sometiese a la cirugía, ya que habían serias posibilidades de que el linfoma fuera de tipo agresivo. Finalmente decidí hacerlo, me sentía mucho más fuerte y capaz de enfrentarlo. La cirugía implicó estar siete días en el hospital, cinco de los cuáles estuve recibiendo una solución salina através de mis venas. Fue una experiencia bastante traumática para mi, pero me recuperé fácilmente. Inmediatamente después volví a mi estricta dieta y a los suplementos alimenticios.

Dos semanas después de la cirugía, fuimos llamados para discutir los resultados; para sorpresa de muchos, yo no estaba en el 90% de los casos curables de linfoma; tenía un extraño tipo de linfoma, para el que no había ninguna cura médica. La quimioterapia y radioterapia eran ineficaces en este tipo de cáncer, me dijeron que el cáncer era de un crecimiento bastante lento lo que significaba que tenía de cuatro a siete años para vivir.

En lugar de asustarnos por las noticias, nos sentimos aliviados. Ya para este tiempo habíamos investigado lo suficiente como para saber que la radio y la quimioterapia no eran las únicas opciones. De hecho nos sentimos aliviados de poder tomar la desición y elegir un camino; mi cáncer era de crecimiento lento, lo que siginificaba que la terapia natural tenía suficiente tiempo para actuar. ¡Además creíamos en el poder curativo de un Dios poderoso que estaba trabajando junto con nosotros!

Continuamos creyendo que Dios me sanaría por medios naturales y sobrenaturales. Para mí, obediencer a una dieta estricta, y hacer uso de las propiedades curativas de la creación de Dios, tenía tanta importancia como nuestra fé en Él. Un año después del diagnóstico, ya no padecía de fatiga crónica, el resfriado ocasional cedió después de una semana sin tener que recurrir a los antibióticos, de hecho, no he necesitado ningún tipo de antibiótico desde que empecé la terapia natural. ¡Ahora me siento muy bien, como no me me había sentido en cinco años!

Dieciocho meses después del diagnóstico, decidí visitar al especialista para informarle sobre mi asombroso estado de salud; un examen físico mostró que mi bazo estaba bastante normal y no inflado como antes, no había inflamación de los ganglios linfáticos. El especialista dijo que no había necesidad de otro examen de CT, que implicaba un grado mediado de exposición a la radioactividad; la evidencia física era suficiente.

Tenemos mucho que agradecer al Señor: ¡Su guía, sabiduría y poder curativo!

Tim T. de Ottawa.
Estaba interesado en el ayuno, pero nunca podía pasar más de un día sin comida; normalmente me sentía demasiado enfermo para continuar. Luego de conseguir más información a través de hacer muchas preguntas, mi confianza creció y decidí probar un ayuno. El primero fue de tres días; el jugo representó una diferencia bastante grande, pude ayunar sin las sensaciones incómodas. Poco después esto inicié otro de tres días, fue en este segundo ayuno donde empecé a ver los resultados. Gané energía y mi concentración aumentó. Debido a esto decidí hacer un ayuno más largo, estaba interesado en averiguar cuánto tiempo podía resistir sin la comida, se había convertido en un desafío.

Una semana después, empecé a ayunar, al tercer día del ayuno me sentía enfermo, tenía náuseas y escalofríos, pero estaba decidido. Sabía bastante como para comprender que estas cosas pasaban y seguirían pasando; bebí mucho jugo para ayudarme a sobrellevarlo. Después de 5 días de ayuno, mi energía aumentó, troté, hice lagartijas y caminé. Mis habilidades mentales aumentaron, a medida que me volvía más relajado y enfocado.

Después de 14 días, estaba en el parque respirando profundamente, sentía un pequeño dolor en mi pecho, fue entonces cuando de repente sentí una descarga, unestallido de energía en el área de mi corazón, que hizo eco en todo mi cuerpo haciéndome sentir un leve hormigueo. Me senté en el suelo para continuar respirando y disfrutando aquella sensación que me inundaba, era un sentimiento increíble de libertad. Antes había estado experimentando un leve dolor en el pecho, casi por un año, ¡Ahora el dolor se había esfumado!

Caralee B. de Oshawa.
Yo estaba abierta al ayuno ya que había agotado todas las posibilidades de curarme de la sinusitis así como de una infección por Cándida; tenía un molesto sarpullido rojo en mi cara además de otros incómodos síntomas, también era sumamente sensible a ciertas sustancias, lo que me producía aún más sarpullido y como es de esperarse, más ardor.

Mi primer ayuno fue de tres días, me sentía bien, pero pronto perdí el control y terminé comiendo todo cuanto tenía a la vista. El agradable sentimiento que había obtenido pronto se esfumó, y el efecto de las mucosidades se hizo sentir con toda su fuerza.

Una semana después, comencé a ayunar con mucha más determinación, ayunaba por cinco días y comía ligeramente por siete. Durante la cuarta sesión de ayuno tuve un intenso dolor de cabeza, escalofríos, un fluído salía de mis oídos, la mucoisdad goteaba por mi nariz, mi lengua era blanca y mi piel pálida, mis reacciones se retardaron, me sentía bajo el efecto de un narcótico. Por suerte esto sólo se prolongo por un día, disminuyendo notablemente al día siguiente.

Cuatro días después de la crisis, desperté rebostante de energía mental y física, me sentía alerta, limpia y delgada, podía respirar libremente por la nariz y el salpullido facial estaba aclarándose. En esta fase del ayuno, algunos de mis amigos mostraron su preocupación debido a lo delgada que estaba, aunque yo me sentía saludable. Además, ayunar había eliminado todos los horribles síntomas.

Estúpidamente, comí algunos productos de harina y mis vías respiratorias se obstruyeron durante un día; un recordatorio aterrador de cómo estas comidas me afectaban, nunca había visto sus efectos tan claramente. Ayunar me había dado una guía clara sobre lo que no debía comer.

Una semana después, estaba en una fiesta con mis amigos, observé su estilo de vida y su forma de actuar; simplemente sentí que era incorrecta, hipócrita, sin sentido, vacía y llena de chismes. Pensé: “¿Qué estoy haciendo con mi vida? no soy feliz.” Comencé a llorar; me sentía enfadada, herida y asustada, todo estaba mal. Fue cuando entonces sentí dos pequeñas palmaditas de consuelo en mi hombro, miré y no había nadie allí; en ese momento pude ver todo con claridad, esos amigos me estaban desgastando emocional y espiritualmente; pensé que estaba bien actuar como ellos, pero en realidad me sentía intoxicada.

Algo está impulsándome, no puedo detenerlo, no tengo otra opción, se que es el camino correcto y tengo que ir por él, tengo que deshacerme de muchas cargas emocionales; quiero empezar de nuevo. Recordé una conversación que un día escuche entre Tom y el pastor Rossen sobre algo en la Biblia: “no puedes poner un parche sobre un vestido viejo”, esto penetró profundamente en mi mente: “Debes volver a empezar”, me pegó como un resplandor en la cabeza. No soy una persona religiosa, aún estoy decidiendo si me gusta o no; simplemente mi cuerpo se ha programado a través el ayuno, ahora sólo quiero cosas puras.

Les L. de Oshawa
Siempre he gozado el hecho ser una persona saludable; sin embargo sólo pude comprender cuanto me estaba perdiendo hasta después de terminar un ayuno de 22 días. Aunque aún soy muy joven (21 años) algunos problemas menores me habían estado molestando por años, lo que no comprendía era que todos estaban relacionados con mi dieta. Padecía de fuertes dolores de cabeza por lo menos dos veces por semana; las aspirinas no ayudaron mucho, tampoco lo hicieron no pocas visitas al quiropráctico. Mi memoria era la misma que la de una persona de 50 años desde hacía cinco o seis años; yo se lo atribuía a un trauma emocional que había experimentado. Aproximadamente por los últimos dos años tuve de 20 a 30 libras de sobrepeso. Algo le había pasado a mi sentido del olfato, lo que me negó el privilegio de disfrutar cosas como una buena comida, el olor de las flores y de la lluvia primaveral; mi actitud era derrotista a más no poder, era difícil de motivar, además no tenía energía para emprender nada ¡Todo por ser un glotón! El café y las donas eran una constante en mi dieta, con la cantidad de comida que antes comía se podía alimentar a una familia de tres.

Al principio, encontré muy intrigante la idea del ayuno, aún estaba escéptico, así que nates de hacer cualquier cosa me fui directo a la biblioteca. Pasé semanas leyendo libros escritos por doctores y nutricionistas. Finalmentedespués de todo me convencí. Empecé mi primer ayuno a largo plazo por 22 días.

Los primeros dos días me sentía terrible, estaba débil y adolorido. Tenía un dolor de cabeza terrible, sentía como si mi pecho estuviera quemándose, en general me sentía enfermo. Pero como ya había previsto estos síntomas, estaba preparado.

Al finalizar el ayuno había perdido aproximadamente 25 libras, nunca me había sentido tan bien en la vida, tenía mucha energía, mi memoria se había agudizado y mi sentido del olfato también fue restaurado; recuerdo lo alergre que estaba sólo de respirar, me paseaba por la calle oliendo las flores y todo cuanto estaba ante mi, cuyo olor hace tiempo había olvidado. Los dolores de cabeza desaparecieron; pero sobre todas las cosas, el ayuno transformó mi actitud mental, desarrollé un amor por la vida como nunca antes. Me sentía tan joven y saludable como debía ser desde el principio. Los conocimientos que he adquirido sobre ayuno y nutrición han cambiado radical y positivamente mi vida.


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